A raíz de los terremotos y sunamis acontecidos en nuestro país y el temor de que sigan ocurriendo en otros lugares, mucha gente, incluyendo cristianos, se preguntan si éste es un juicio de Dios. Y se crea todo un caldo de cultivo para que aparezcan un montón de profetas o todos quieran opinar sobre las "intenciones" de Dios. Yo no creo que Dios esté enojado ni que esté enviando juicios "para que los cristianos se unan", como dijo por ahí alguien que, por sus palabras, no sabe nada de las Escrituras ni del carácter de nuestro amado Rey (Qué culpa tienen los dos millones de damnificados por los cahuines de la iglesia). Pero sin lugar a dudas que Dios está profundamente triste por lo que pasa en el mundo, porque durante años lo hemos estado sacando de nuestra manera de vivir, de pensar, de construír una nación, haciendo todo para que no interfiera en nuestra cultura, que abandone nuestra sociedad y que
se salga de nuestras vidas. Y Él se ha hecho a un lado, mirando nuestras vidas a lo lejos, con una profunda tristeza. ¿Cómo esperamos estar cubiertos, entonces, de todos los desastres si deliberadamente hemos decidido guiar nuestras vidas y salirnos de su protección? ¿Podemos esperar bendición y protección bajo estas condiciones?
A la luz de lo que ocurre en nuestro país... violencias entre los estudiantes, falta de respeto a los profesores, balaceras en las poblaciones, delincuencia infantil, drogadicción juvenil, alcoholismo infantil, sólo estamos viendo los resultados de la vida que hemos escogido, simplemente la cosecha de lo que hemos sembrado: un país sin columna vertebral espiritual, con una sociedad colapsada, dividido en odios ancestrales; a casi cuarenta años de un golpe de Estado, aún vivimos llenos de resentimientos y con cosas sin resolver, las cuales afloran al menor estímulo. Nos hemos llenado de orgullo y vanidad, creyéndonos superiores a nuestros hermanos latinoamericanos, nos hemos autoapodados "jaguares", gastando billones en armas y viviendo una fantasía de "país a punto del desarrollo". (Y cuando no hay restricciones somos capaces de saquear en medio de una tragedia, llenando el 4X4 de lo ajeno) Y estos nuevos aires que soplan nos imponen un comportamiento acorde a la condición "jaguarina", viendo como se reparten condones a nuestros jóvenes para que no hayan contagios de sida, pero nada importa enseñar la fidelidad en el matrimonio ni que los jóvenes esperen a casarse para tener sexo. No, porque si lo decimos nos cuelgan un cartel de "anticuados", "obsoletos", "cuadrados". En cambio, hay que ser "progresistas". Es más, progresismo hasta el punto que nuestras hijas aborten y ni siquiera tenemos que enterarnos porque hay todo un equipo de legisladores haciendo que lo inmoral sea lícito y constitucional. Después nos toca elegir nuevas autoridades y, cuando pensamos que las cosas pueden cambiar, todos los candidatos se pelean para salir en la publicidad retratados con lesbianas, con homosexuales, porque los votos importan más que los valores y la moral, y si levantamos la mano para reclamar por nuestros derechos, nos caen encima otros que tienen más derechos que nosotros y, como resultado, nos quedamos en un rincón con otro cartel de "homofóbicos", "intolerantes", "arcaicos". Y surge una nueva moda: ser gay. Te da glamour y un aire de superioridad. En cambio, el término "hetero" es dicho con sorna y un poco de desprecio. Y nos cambian todas las cosas en pro de ser "modernos", "avanzados". Y ser parte de los nuevos tiempos es desnudarse en público, y dejarse fotografiar amontonados, unos arribas de otros, en las distintas poses que un tipo europeo, obviamente más progresista e ilustrado que nosotros, nos va indicando megáfono en mano. Y a mi que me importa que la gente haga lo que quiera con su cuerpo, pero que no nos traten de retardados porque no creemos que eso sea "arte". Entonces, ese nuevo subjetivismo llamado "arte" nos basurea todo lo santo, lo piadoso, lo eterno, presentándonos a un Jesús carnal. tentado, mentiroso al no reconocer que estaba secretamente casado, rodeado de un montón de hipócritas que callaron sabiendo la verdad. Y si de cultura se trata en la televisión vemos pura basura, donde uno se queda pensando si para ser el más chismoso, intruso y mal pensado, era necesario estudiar una carrera llamada periodismo. Y se denigra lo bueno y se exalta lo profano, lo vil, lo sucio. Nuestros hijos ven miles de asesinatos a la semana, pornografía, violencia sin límites. Y todavía nos preguntamos por qué hay delincuencia infantil, por qué las jovencitas de catorce años están embarazadas, por qué hay bullying en los colegios...
Le hemos quitado el valor y la santidad al matrimonio. Hoy está de moda decir "mi actual pareja" y nuestros héroes en la política y el deporte se pasean por el mundo con su "pareja de turno". Hemos borrado el valor de la familia permitiendo que parejas del mismo sexo críen y adopten niños, defendiendo a brazo partido el derecho de esos padres adoptivos, pero violando abiertamente los derechos de los niños a vivir en hogares donde puedan apreciar lo que Dios hizo, un hombre con una mujer. Y después nos preguntamos que les pasa a nuestros niños. Les pasa que no tienen una base moral ni espiritual y, por lo tanto, construirán una sociedad sin fundamentos sólidos.
Y si miramos la religión, que nos pueda dar ese fundamento sólido, los vemos por un lado matando en nombre de Dios, con coches bomba, con aviones estrellándose en los edificios. Otras sumidas en sus guerras santas y, la oficial a escondidas, incrementando sus mil setecientos años de pedofilia y sodomía, con un Papa no tan infalible que ha callado muchos abusos y que tiene muchas cosas que declarar.
Y ni la iglesia de los nuevos nacidos se salva de la incoherencia. Pastores infatuados, hambrientos de fama, éxito, poder y dinero. Auto designados "Apóstoles", "Profetas", "Ungidos", "Intocables". Qué triste espectáculo...
Ahora nos preguntamos: ¿por qué Dios permite que haya tantos damnificados en el mundo? Tanta miseria y desórden, tantas guerras, tanta tragedia...
Todo lo que el hombre sembrare eso mismo cosechará, señalan las Escrituras. No esperemos protección ni bendición cuando abiertamente hemos dejado de lado al Creador.
Termino insisitiendo en mi punto de vista: Dios no está enojado ni enjuiciando a nadie. Pero está triste, sentado en un rincón con un cartel que alguien le colgó, donde cada persona que lo mire puede leer en su pecho "Rechazado".
viernes, 23 de abril de 2010
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